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La universidad es mentira

Jul 1  ·  7 min read

Antes de empezar, “disclaimer”: este es un post eminentemente de opinión, así que vamos a curarnos en salud y decir que solo aplica a lo que realmente conozco de cerca: estudios de grado en ingeniería informática y administración y dirección de empresas (en España); aunque compañeros de distintos ámbitos puedan verse luego reflejados en estas palabras (¡comentad!)


La universidad es mentira. Son los padres. El gran engaño del siglo XXI. El futuro mejor prometido por el que se sacrificaron todos nuestros antepasados. Todos nos sabemos la historia. Pero es mentira; y no es su culpa, sino la de un sistema educativo –ya de por sí viciado– que hemos querido retorcer e imponer como absurdo estándar de vida.

Y los medios no ayudan. Personas que apenas llegan a entender de qué va esto del cambio tecnológico (y que necesitan hojas resumen para no perderse) se dan licencias para arrojar toda suerte de grandilocuentes opiniones al respecto, solo para generar más y más ruido del que tenemos y en el que ya nadamos. Frases rimbombantes llenas de palabras como “disruptivo”, “big data” o “sinergias” que ejecutivos babyboomers retuitean para sentirse un poco más integrados en esta era. Y vemos el telediario, y nos encontramos titulares en la prensa como este:

Faltan 900.000 profesionales TIC

El Mundo, 31 mayo 2015

Y pensamos que, claro, qué demonios, lo que hace falta es meter a más chavales en las universidades. Que el mercado los demanda. Igual que yo pensé –y como yo muchos tantos pensaron– hace algunos años cuando empecé mi etapa universitaria.

¿Mi sueño? Ser informático. Ni pajolera idea de lo que aquello significaba entonces, a mí solo me gustaban los cacharritos. Pero, claro, “hijo, sin un título universitario no eres nadie”.

Viñeta sobre informática, videojuegos, máquinas de Turing y la poca relación que tienen con aprender a hacer cosas reales.
Traducción libre. Original: 9gag

Dejemos esto bien claro: ser desarrollador no es ser ingeniero informático (mal llamado, tiene mucho más sentido hacer una traducción de lo que fuera de aquí todo el mundo conoce como “computer scientist“)

Y el mercado quiere (en gran medida) desarrolladores, no ingenieros informáticos. No lo digo yo, los programas para formar desarrolladores están en auge, hay a quien no le importa qué background tengas mientras sepas programar para contratarte; y, de hecho, Google ya ni lo mira. Y tiene sentido. Un proyecto de ingeniería civil necesita de un buen equipo de profesionales de la construcción de todos los niveles y experiencias si se quiere sacar adelante. Si todos en el equipo fueran los mejores ingenieros civiles, acabarían con, literalmente, demasiado talento. Que ingenieros informáticos sean capaces de ejercer de desarrolladores es una consecuencia tan natural como que ingenieros civiles sean unos manitas y se precien de construir estructuras.

La universidad no te enseña para el mundo real, te enseña para el mundo de la universidad. No te enseña ninguna de las tecnologías punteras que la industria demanda. Pierdes el primer año aprendiendo un lenguaje de programación que quedó obsoleto en los 80, y que obviamente ya nadie usa; y ni una sola hora en todo el itinerario formativo se usa para exponer algo como los principios que todo programador debería conocer y que me cambiaron la manera de entender la programación (y que, por supuesto, me tuve que buscar fuera del aula).

La universidad, la academia –citando a Sir Ken Robinson– está pensada para crear académicos. Y lo hace muy bien. Lo cual no es en absoluto malo, pero que todos sepamos a lo que vamos. El mundo, la sociedad, la humanidad necesita de personas que investiguen, publiquen papers y presionen constantemente los límites de lo que somos capaces de hacer para reinventarnos en cada avance tecnológico, bien en la universidad o en departamentos de R&D. Y para eso sí que se requieren científicos de la computación y no desarrolladores.

La universidad no te enseña para el mundo real, te enseña para el mundo de la universidad.

¿Qué haremos dentro de 20 años en un mundo en el que todos los chavales ya sabrán programar antes de entrar a la universidad? No solo se está implantando ya en España y no solo Obama lo promueve: ya hay geniales videojuegos que enseñan a críos de 5 años a programar. Es una realidad. Saber hablar con los ordenadores será tan importante en el futuro y se dará tanto por hecho como hoy damos por sentado el inglés. ¿Nos daremos entonces cuenta de que un título universitario no es necesario para suplir la creciente demanda IT del mercado?

Me metí a estudiar administración y dirección de empresas porque mi otro sueño era (oh, sorpresa), aprender a administrar y dirigir una empresa: mi propia empresa.

No creo que exista timo mayor en el mundo que ADE. Ni administrar, ni dirigir, ni mucho menos crear una empresa. No aprendes de eso. Nada. Te cuentan cosas (muchas veces sin contexto, o solo con aplicación directa en empresas manufactureras o dentro del mundo de la gran empresa, que recordemos es solo el 0,1% de nuestro tejido empresarial) que igual, en el mejor de los casos, te sirven para familiarizarte con la terminología y no parecer idiota cuando hablas con algún inversor.

Profesores que bien pueden no haber salido nunca a la empresa privada (o que si lo han hecho, no lo demuestran), hablándote desde su impoluto palco académico de cómo funciona la empresa privada. Sin remangarse y pringarse las manos. Cuando en universidades de países como Suecia se les exige a todos los profesores como requisito de entrada haber tenido al menos 2 spin-offs (empresas) en su ámbito de conocimiento para no caer en el error de enseñar cosas que nunca han sentido en sus carnes.

¿Quieres aprender de empresa? Olvídate de la universidad y crea una empresa. Nos venden la propaganda de que en la carrera aprenderemos, y sencillamente no es verdad. ¿Podemos coincidir en que una persona graduada en administración y dirección de empresas debería ser capaz de administrar y dirigir una empresa? Vayamos al último curso, cojamos a tres o cuatro cuasi-graduados y pongámosles a administrar y dirigir una empresa. Comprobémoslo. ¿Qué porcentaje de toda la promoción realmente sabría hacerlo? ¿Y cuánto del éxito se debería a lo aprendido en clase versus habilidades personales o lo que se hayan buscado fuera?

Generamos una cantidad absurda de graduados en empresa, sin pasión alguna por lo que hacen, solo porque nos dijeron que había que tener un título universitario si querías llegar a algo en la vida. Y los pobres chicos, sin importarles el mundo de la empresa lo más mínimo, se las comen todas durante cuatro años para obtener un título que no necesitaban, para conseguir un trabajo que no querían, para cobrar un salario que no se merecen, porque hay tanto graduado universitario en España (y tan poco profesional “de FP”) que literalmente están cubriendo por el mismo dinero el trabajo destinado a formaciones medias. Hola, precariedad.

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El gap de la FP en España. Fuente: libremercado.com / Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Los estudiantes de másteres y doctorados son los nuevos ni-nis. Estudiantes que ante el miedo a un mercado laboral en el que no les han enseñado a defenderse combaten la inseguridad ampliando su etapa educativa uno, dos o diez años, creando absurdas e ineficientes situaciones y alimentando un sistema educativo que se cree que la “especialización” con posgrado y no una profunda reforma de base es la clave para mitigar la falta de conocimiento.

Me siento estafado. La publicidad me vendió que aprendería, y la realidad es que podría resumir mi carrera en cinco minutos. He tirado ingentes cantidades de tiempo en una universidad que da clase no para enseñar, no para desarrollar al alumno, ni siquiera para prepararle para el futuro, sino para aprobar exámenes. Profesores que deciden que no tienes ni idea de su asignatura porque marcaste la “b” y no la “c” en el examen y se enfadan cuando les dices que eso, de ninguna manera humana, mide el conocimiento real del alumno sobre ningún tema.

Por suerte, no fui el único estafado por la propaganda y presión social, y más como yo pululaban por los campus. Le estaré eternamente agradecido a la universidad, pero no por lo que me dio dentro de clase, sino por lo que encontré fuera de ella. A día de hoy sigo sin poder pensar en un ecosistema más maravilloso para aprender a base de no estarse quieto, en un playground más permisivo con tus errores, en una red más idónea para conocer a toda clase de gente alucinante con los que compartir pasiones y aventuras.

Mira, igual al final la universidad no es tan mentira después de todo. Una lástima que solo unos pocos lleguen a abrir los ojos y descubrirlo.

Oh, and by the way!

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